domingo, 18 de enero de 2009

Se llama Ona, me llamo Johnny.

El otro día tuve un día bastante europeo. Lucía pleno sol mediterraneo entrando por la ventana, eran las diez pasadas y se oía de fondo un nerviosismo canino que tenía la intención de despertarme. Le había prometido a Ona la noche anterior que pasaría la mañana con ella y haríamos algunas fotos mientras jugaramos en la terraza. Se ve que estuvo toda la noche nerviosa esperando a que llegara el momento, no sabía bien bien cómo posar para las fotos, pero tras alguna indicación mía, supo elegir su mejor perfil y regalarme esta instantanea. Mi pequeña american cocker.




Pero el día no acabó ahí. Yo tenía pendiente la entrega de una documentación de carácter universitario y se me había citado en el Pabellón Rosa, en el recinto de la Maternitat. Nunca había estado allí, creía, o almenos en ese pabellón.  Mi madre siempre cuenta cómo y dónde nacieron sus tres hijos, todos en el mismo lugar. Pensé que me sería difícil encontrar el dichoso pabellón pero nada más entrar por la puerta del recinto empecé a notar cosas familiares. Estaba en un bonito parque de edificios sugerentes. Encontré el pabellón pero para mi sorpresa no sabía que aquello había sido lo primero que mis ojos habían visto al nacer. Obviamente no lo recuerdo como tal pero algo me decía que ya había estado allí. Entregué la documentación pendiente y cuando salí advertí que detrás de mí se encontraba el hospital que me vió nacer. 






Algo tenía seguro, la última vez que estuve allí fue por el nacimiento de mi hermana en el año 92, el año de las Olimpiadas. Me llevó mi tía hasta la habitación dónde descansaban mi madre y Alba y tenía grabado en mi memoría la imagen de una gran escalera central que formaba la columna vertebral de aquella estructura. No perdía nada por entrar a buscar esa actualización de mi memoría y mientras le escribía un mail a mi novio con mi Iphone explicándole dónde me encontraba, busqué la entrada principal y rumbo a por la escalera. Quizás era demasiado joven para concentrar mis recuerdos en el año 92, ya que no había escalera central alguna sino un hueco entre plantas que podía llegar a sorprender a un niño de seis años, imagino. Todo lleno de embarazadas y padres con una sonrisa de oreja a oreja. Yo era el más extraño del lugar. Cargando con mi portátil a la espalda y con Iphone en mano, no encontré la escalera para poder fotografiarla pero en cambio encontré algo mejor si cabe, vi pequeños bebitos descansando. 



JNY

3 comentarios:

Noelí dijo...

Que bella es tu pequeña american cocker!
(muy tierno el relato! :))

albert dijo...

aiiiiiiiins no se si me gustan mas tus ojitos o los de ona

Siska dijo...

ah how cute <3